Editorial
Cannabis Plantas MedicinalesMedicinal Plants CienciaScience Derechos HumanosHuman Rights
Nosotros Contacto

CBD y CBG contra el hígado graso: cómo dos cannabinoides reparan el hígado a nivel celular CBD and CBG Against Fatty Liver: How Two Cannabinoids Repair the Liver at the Cellular Level

Un estudio publicado en el British Journal of Pharmacology identificó por primera vez dos mecanismos precisos por los cuales el cannabidiol y el cannabigerol reducen la acumulación de grasa hepática. La investigación abre una vía terapéutica para una enfermedad que afecta a uno de cada tres adultos en el mundo y no tiene tratamiento farmacológico aprobado. A study published in the British Journal of Pharmacology identified for the first time two precise mechanisms by which cannabidiol and cannabigerol reduce hepatic fat accumulation. The research opens a therapeutic pathway for a disease affecting one in three adults worldwide, with no approved pharmacological treatment.

CBD y CBG contra el hígado graso: cómo dos cannabinoides reparan el hígado a nivel celular
Laboratory of Experimental Pathology, NIEHS/NIH — Dominio Público · Wikimedia Commons

Uno de cada tres adultos en el mundo tiene hígado graso. No necesariamente lo sabe. La enfermedad hepática esteatótica asociada a disfunción metabólica —conocida por su sigla en inglés como MASLD, y antes llamada hígado graso no alcohólico— es silenciosa en sus primeras etapas: se acumula grasa en las células hepáticas, interfiere con el metabolismo, y en los casos más graves puede derivar en cirrosis, insuficiencia hepática o cáncer de hígado. Es la enfermedad hepática crónica más prevalente del mundo. Y no tiene, hasta hoy, ningún fármaco aprobado específicamente para tratarla.

En ese contexto llega una investigación que, con toda la cautela que exige la ciencia preclínica, merece atención. Publicada el 5 de marzo de 2026 en el British Journal of Pharmacology —una de las revistas de referencia en farmacología a nivel mundial—, el estudio identificó por primera vez dos mecanismos bioquímicos precisos mediante los cuales el cannabidiol (CBD) y el cannabigerol (CBG) reducen la acumulación de grasa en el hígado y restauran la función celular alterada por la enfermedad.

El equipo y la pregunta de partida

La investigación fue conducida por Radka Kočvarová, la doctoranda a cargo del trabajo experimental, junto al Dr. Liad Hinden y el Prof. Joseph Tam, de la Facultad de Medicina de la Universidad Hebrea de Jerusalén. El laboratorio de Tam lleva años investigando el sistema endocannabinoide y su rol en enfermedades metabólicas; este trabajo se inscribe en esa línea acumulada.

La pregunta no era nueva —la relación entre cannabinoides y función hepática ya tenía antecedentes en la literatura científica— pero sí era la profundidad del abordaje: ¿qué pasa exactamente dentro de la célula hepática cuando se expone a CBD o CBG?

Dos mecanismos, dos hallazgos

El estudio describió dos vías de acción independientes y complementarias.

1. Reserva energética de emergencia

El CBD y el CBG elevaron los niveles de fosfocreatina en las células del hígado. La fosfocreatina actúa como una reserva de energía rápida: cuando la célula enfrenta un estrés metabólico agudo —como el que genera un ambiente de alta carga lipídica— puede recurrir a ese sistema de respaldo para mantener sus funciones básicas. Lo notable es que el hígado no suele depender de este mecanismo de forma habitual; los compuestos parecen estar activando una vía protectora que normalmente está subutilizada. Esto representa un mecanismo de acción novedoso: la mayoría de las investigaciones anteriores sobre cannabinoides y función hepática se habían enfocado en vías inflamatorias u oxidativas.

2. Restauración lisosomal

El segundo hallazgo es igualmente relevante. Ambos compuestos reactivaron las enzimas catepsinas dentro de los lisosomas —los orgánulos celulares que funcionan como sistemas de reciclado y limpieza interna. En el hígado graso, la función lisosomal se deteriora: los lisosomas pierden capacidad para procesar y eliminar los lípidos y proteínas dañadas que se acumulan. Al restaurar la actividad de las catepsinas, el CBD y el CBG permitieron que las células hepáticas volvieran a eliminar con más eficacia los triglicéridos acumulados y las ceramidas —un tipo de lípido vinculado específicamente a la resistencia a la insulina y a la señalización inflamatoria.

CBG y CBD: similitudes y diferencias

Aunque ambos compuestos produjeron resultados positivos, el CBG mostró ventajas en varios indicadores metabólicos. Mientras el CBD y el CBG coincidieron en estabilizar el azúcar en sangre y restaurar la sensibilidad a la insulina, el CBG superó al CBD en reducción de grasa corporal, colesterol total y colesterol LDL. El estudio no identificó un mecanismo receptor que explique con certeza esa superioridad del CBG en estos marcadores específicos —lo que señala una línea de investigación productiva para trabajos futuros.

Ninguno de los dos compuestos es psicoactivo. Ese dato no es menor desde el punto de vista de la traducción clínica: potenciales tratamientos basados en CBD o CBG no implicarían los efectos sobre el estado de conciencia asociados al THC.

Lo que esto no es todavía

Antes de avanzar, es necesario ser precisos sobre lo que este estudio no dice.

Se trata de investigación preclínica. Los investigadores lo declararon explícitamente: se requieren estudios clínicos en humanos antes de que cualquier aplicación terapéutica pueda desarrollarse. Los mecanismos identificados son reales y significativos, pero lo que funciona en un modelo de laboratorio no siempre se replica en la fisiología humana. El camino entre un hallazgo mecanístico y un fármaco aprobado es largo, costoso y lleno de obstáculos.

Lo que sí es cierto es que este estudio aporta algo que la investigación de cannabinoides en enfermedades hepáticas no tenía hasta ahora: una descripción precisa del cómo. No solo “parece funcionar”, sino por qué, en qué rutas bioquímicas, con qué efectos diferenciados entre compuestos. Esa claridad mecanística es lo que hace que valga la pena reportarlo.

Por qué importa en América Latina

El hígado graso no es una enfermedad exclusiva de países ricos. En América Latina, la prevalencia de MASLD está impulsada por factores combinados: alta incidencia de obesidad y diabetes tipo 2, consumo de alimentos ultraprocesados, sedentarismo, y acceso desigual a diagnóstico y atención médica. Un tratamiento farmacológico basado en compuestos de cannabis no psicoactivos —potencialmente de bajo costo si se desarrollara sobre plantas cultivables— tendría implicaciones directas para la región.

La investigación no está allí todavía. Pero el mapa está un poco más completo.

Fuentes

One in three adults in the world has fatty liver disease. Most don’t know it. Metabolic dysfunction-associated steatotic liver disease — known by its acronym MASLD, previously called non-alcoholic fatty liver disease — is silent in its early stages: fat accumulates in liver cells, disrupts metabolism, and in severe cases can lead to cirrhosis, liver failure, or liver cancer. It is the most prevalent chronic liver disease in the world. And to this day, there is no drug specifically approved to treat it.

Into that context arrives a study that, with all the caution preclinical science demands, deserves attention. Published on March 5, 2026 in the British Journal of Pharmacology — one of the world’s leading pharmacology journals — the study identified for the first time two precise biochemical mechanisms by which cannabidiol (CBD) and cannabigerol (CBG) reduce fat accumulation in the liver and restore cellular function impaired by the disease.

The Team and the Starting Question

The research was led by Radka Kočvarová, the doctoral candidate responsible for the experimental work, alongside Dr. Liad Hinden and Prof. Joseph Tam of the Faculty of Medicine at the Hebrew University of Jerusalem. Tam’s laboratory has spent years investigating the endocannabinoid system and its role in metabolic diseases; this work builds on that accumulated body of research.

The question was not new — the relationship between cannabinoids and liver function already had precedents in the scientific literature — but the depth of the approach was: what exactly happens inside a liver cell when it is exposed to CBD or CBG?

Two Mechanisms, Two Findings

The study described two independent and complementary pathways of action.

1. Emergency Energy Reserve

Both CBD and CBG elevated phosphocreatine levels in liver cells. Phosphocreatine acts as a rapid energy reserve: when a cell faces acute metabolic stress — such as that generated by a high lipid-load environment — it can draw on this backup system to maintain basic functions. What is notable is that the liver does not normally rely on this mechanism; the compounds appear to be activating a protective pathway that is ordinarily underused. This represents a novel mechanism of action: most prior research on cannabinoids and liver function had focused on inflammatory or oxidative pathways.

2. Lysosomal Restoration

The second finding is equally significant. Both compounds reactivated cathepsin enzymes inside lysosomes — the cellular organelles that function as internal recycling and cleaning systems. In fatty liver disease, lysosomal function deteriorates: lysosomes lose their capacity to process and eliminate the lipids and damaged proteins that accumulate. By restoring cathepsin activity, CBD and CBG allowed liver cells to more effectively eliminate accumulated triglycerides and ceramides — a type of lipid specifically linked to insulin resistance and inflammatory signaling.

CBG and CBD: Similarities and Differences

Although both compounds produced positive results, CBG showed advantages across several metabolic indicators. While CBD and CBG both stabilized blood sugar and restored insulin sensitivity, CBG outperformed CBD in reducing body fat, total cholesterol, and LDL cholesterol. The study did not identify a receptor mechanism that definitively explains CBG’s superiority in these specific markers — which points to a productive line of research for future work.

Neither compound is psychoactive. That detail is not minor from a clinical translation standpoint: potential treatments based on CBD or CBG would not carry the effects on consciousness associated with THC.

What This Is Not Yet

Before going further, it is necessary to be precise about what this study does not say.

This is preclinical research. The investigators stated this explicitly: clinical studies in humans are required before any therapeutic application can be developed. The mechanisms identified are real and significant, but what works in a laboratory model does not always replicate in human physiology. The road from a mechanistic finding to an approved drug is long, costly, and full of obstacles.

What is true is that this study contributes something the research on cannabinoids in liver disease did not have until now: a precise description of the how. Not just “it seems to work,” but why — through which biochemical pathways, with what differentiated effects between compounds. That mechanistic clarity is what makes it worth reporting.

Why This Matters in Latin America

Fatty liver disease is not exclusive to wealthy countries. In Latin America, the prevalence of MASLD is driven by a combination of factors: high rates of obesity and type 2 diabetes, consumption of ultra-processed foods, sedentary lifestyles, and unequal access to diagnosis and medical care. A pharmacological treatment based on non-psychoactive cannabis compounds — potentially low-cost if developed from cultivable plants — would have direct implications for the region.

The research is not there yet. But the map is a little more complete.

Sources